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Las abuelas. En realidad, el hábito de tomarse un
licorcito antes de irse a dormir correspondía a las "señoras
mayores", que no necesariamente tenían que ser abuelas. Tan
es así, que he visto practicando esta buena costumbre a las
tías viejas solteronas o viudas, infaltable figura en el
hogar de toda familia bien compuesta.
Nunca logré entender por qué los "señores mayores" no eran
tan licoreros, o lo eran en secreto. Era de hombres tomar un
whisky a altas horas de la noche, práctica de la que se
declaró adicta confesa doña Petrona C. de Gandulfo, pero
encarar un "8 Hermanos" era cosa más de mujeres. |
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Historieta. Se sabe que la obtención de alcoholes de
alta graduación resulta de la destilación de líquidos
fermentados en los artefactos de cobre, inventados o
difundidos por los árabes allá por el medioevo. No eran otra
cosa que los alambiques. Y los que los poseían y sabían como
utilizarlos adecuadamente eran los misteriosos alquimistas.
Tan
árabe es el origen, que alquimia es una palabra que deriva
Al-kïmiyä, y el resultado originario del uso del alambique
por los alquimistas, no era solamente, en realidad, la
obtención de al-kool, sino que se obtenían ciertos polvos
que se utilizaban tanto para curar, como para matar, o mejor
aún, para embrujar. Fue caminando el tiempo, y se fue
produciendo alcohol a partir de la destilación, siendo los
mayores alquimistas de su época, los monjes católicos, que
harían de esos alcoholes los primeros licores, algunos de
los cuales llegaron a nuestros días.
El licor. Aunque suene un poco aburrida, existe una
definición científica de los licores, así que mejor no
merodear e ir al punto: son las bebidas hidroalcohólicas
aromatizadas obtenidas por maceración, infusión o
destilación de diversas sustancias vegetales naturales, con
alcoholes destilados aromatizados, o por adiciones de
extractos, esencias o aromas autorizados, o por la
combinación de ambos, coloreados o no, con una generosa
proporción de azúcar. Teniendo un contenido alcohólico
superior a los 15° llegando a superar los 50° centesimales,
diferenciándose de los aguardientes por mayor o menor
contenido de azúcares.
Las
diferencias. Como se ve, la cosa luce bastante sencilla.
Todo es cuestión de llamar licor a aquella bebida donde nos
encontramos en presencia de alcohol que ha sido saborizado y
con gran contenido de azúcar, que a su vez puede, y de hecho
lo ha sido y lo es, ser reemplazada por miel. Pero la cosa
no termina allí, porque por su parte existen tres grandes
grupos de licores de acuerdo a que se halla elaborado: a)
con un solo tipo de hierba. O b) que se haya utilizado un
solo tipo de fruta. Y para terminar un obvio grupo c) que se
haya utilizado una mezcla de frutas y/o hierbas. Y cuando
uno creía que ya se había llegado a la síntesis del asunto,
aparecen también los que se elaboran con flores o especias.
El sabor. Y ahí vuelven a abrirse diversas
posibilidades. Se puede obtener un licor de sabor
determinado por maceración en alcohol de los componentes que
hemos elegido para elaborarlo. O también, podemos hacerlo
por haber destilado junto con el alcohol las hierbas, frutas
o especias, y el resultado es un alcohol ya perfumado, al
que le resta el agregado de azúcar y quizás algún factor
colorante. Veamos algunos ejemplos.
Flores. El Sambuca resulta de la utilización de la flor
de sauco y el Gul de usar rosas. Las violetas forman parte
de la Crème de Violettes o el Parfait Amour. Y sigue la
lista.
Especias. El Anisete o el Araq que son a base de anís o
el Pimento que utiliza la pimienta inglesa. El pimiento se
prodiga en varias marcas: el Irish Mist, el Drambuie que lo
combina con el whisky, el Chartreuse Vert que lo enlaza con
vino o el amarillo que prefiere el anís.
Frutos secos. El Amaretto que nos deleita con su sabor a
las almendras de que está hecho, el Frangelico que elige las
avellanas para su composición, o el Nocino que tiene la
curiosidad de valerse de nueces verdes.
Café. A mí me resultan más familiares el Tìa María o el
Kalhúa.
Chocolate. Crema de Cacao y elija usted la marca que más le
guste. Se complementan con el agregado de vainilla y se
encuentran en versiones marrones o blancos.
Frutas. Podemos mencionar, entre otros al Cointreau, el
Curaçao, el Grand Marnier, el Triple Sec, o nuestra
recuperada Hesperidina, que privilegian a las naranjas de
distintas maneras. En el caso de estos destilados compuestos
por naranjas hago una recomendación entusiasta: utilícelos
para perfumar su ensalada de frutas, y cuando llegue el
verano anímese con perder un chorro dentro de su clericó. Me
lo agradecerá. Otras frutas que se usan habitualmente son el
melón en el Midori; la grosella negra en la Crema de Cassis;
el limón en el Limoncello que ha irrumpido en la Argentina
hace pocos años.
La
enumeración es casi infinita, porque se puede decir que casi
no hay fruta que no sea susceptible de utilizar para
elaborar un buen licor. ¿Le gustan las ciruelas? Pruebe un
Prunelle. ¿Una mezcla de naranja y pimiento? La encontrará
en el Danziger Goldwaisser. El Maraschino lo pondrá en
contacto con las cerezas, al igual que el Cherry Heering
(uno de mis favoritos). Y uno de los más refinados parte de
la mandarina y es el Mandarine Napoleón.
Hierbas. Aquí lo complicado es conocer con precisión
cuales y menos aún en qué proporción. Y reaparece la figura
de los monjes medievales que pagaban con su vida el secreto
de sus fórmulas. Le tiro algunas ideas: Benedictine, Liqueur
d´Or, Falernum, los mencionados Chartreuse. Los alemanes a
base de kûmmel, que no hace mucho se confirmaron que tiene
grandes virtudes digestivas, como muchos de los que he
comentado.
Absenta. Y este licor merece un capítulo aparte por su
celebridad, por haber sido prohibido, por haber sido el
preferido de los pintores impresionistas de fin del siglo
XIX, y por Pablo Naumann, que lo prohibido tiene para él un
atractivo irresistible. Su condimento inocente es el anís.
Pero, también contiene la Artemisia absinthium , planta más
conocida como ajenjo, cuyo compuesto aromático esencial es
la thujona, que consumida en demasía resulta tóxica.
Su
toxicidad era bienvenida para atacar los parásitos
intestinales, pero su abuso conduce a afectar el sistema
nervioso, los músculos y hasta los riñones de quien lo bebe.
Como contiene 68% de alcohol, se le agrega agua que se hace
pasar a través de un terrón de azúcar.
Lo lechoso. Hablando de la Absenta, resulta que buena
parte de los licores, sobre todo los anisados a los que se
les agrega agua en cualquier forma, descubrimos que se
enturbia inmediatamente, tomando un inofensivo color
lechoso. Todo surge del amor que tienen los terpenos
aromáticos por el alcohol puro, que reacciona de esta forma
cuando se ve diluido por la presencia del agua. Así que no
asustarse y regálele a su garganta cualquiera cualquier de
estos elixires sin preocuparse por su mutación.
Conclusión. Haga como las "señoras mayores" y no deje
pasar la oportunidad de tomar un buen licor, que es también
un cierre a toda orquesta de una buena comida. Y el paladar
agradecido.
Por Alejandro
Maglione
Especial para lanacion.com
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