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¿Qué hay que explicar si un plato llega frío al cliente?
¡Nada! No hay que explicarle nada, simplemente, se le pide
una disculpa, se retira el plato y se lo trae nuevamente a
la temperatura adecuada. ¿O acaso una explicación hará
cobrar temperatura al plato? Quizás aumente la temperatura
corporal del cliente, pero no del plato.
Demora en la cocina. ¿Y cuando tardan casi una hora en
traerle unas crêpes de espinacas? Me pasó que tuve semanas
de intercambio epistolar cuando escribí una nota denunciando
este hecho, con nombre de restaurante y todo. ¿Qué hay que
explicarle a este cliente? ¡Nada! Regálele una botella de
vino; dele un vale para que venga a comer por cuenta de la
casa una próxima vez; invítelo con el postre o una copa de
despedida. Lo que sea, pero no le explique nada, insultando
la inteligencia del cliente como si no tuviera la menor idea
de que el plato que pidió está listo, y lo único que precisa
es un golpe de horno para llevarlo a la mesa.
¿Y
qué le explican? "Me faltaron dos cocineros". Y ahí, usted
cliente, que lleva la hora esperando, le dice: "¿y porqué no
me avisó antes de sentarme que debería esperar una hora para
que me sirvan el primer plato?".
También le puede pasar como a mí, que me dijeron que la
culpa la tenía el comensal que había pedido un primer plato
y eso había demorado todos los demás. La disculpa no llegó
jamás.
Papas "bravas". Debe haber pocos platos más típicos en
España que estas afamadas papas. Un día las pido en un restaurant de amigos y aparecen unas papas blanquísimas como
la nieve. Mi amigo español me mira, me pregunta si aquí se
servían de este modo, y le dije que de ninguna manera. Viene
la cocinera a mi requerimiento, y muy suelta de cuerpo me
informa: "es que no teníamos el pimentón que necesita este
plato". Mi pregunta abrió una brecha en esa amistad
gastronómica que nunca terminó de cerrar. Dije: "¿y entonces
porqué lo dejaste en el menú...?"
Parecía que hubiera convocado a Melpómene la musa
responsable de la tragedia. No voy a exagerar diciendo que
casi me golpean, pero lo dicho: hasta hoy soy mirado con
cierto rencor por no saber comprender que bastan las
intenciones y que el que se debe adaptar es el cliente: ¡que
para eso hasta lo dejamos que pague por lo que no pidió!
Chimenea fatal. ¿Y cuándo advierte que su ropa está tomando
olor a comida porque el restaurant de $ 250 el menú tiene un
problemita de ventilación? Viene el mozo y le explica: "es
que nos prohibieron usar la ventilación de la cocina hasta
que reparemos un tramo de la chimenea que molesta a los
vecinos del edificio vecino".
¿Cerrar hasta que esté la reparación? Ni soñar. ¿Hacer un
descuento por la molestia? Ni se le ocurra sugerirlo.
¿Advertir al cliente antes de que el olor a cebolla impregne
su saco de cashmere? Sólo a un loco podría proponer tal
cosa. A lo suma le sugerirán salir con campera de cuero para
evitar este trastorno.
El
cobro del cubierto. Ahí tiene un buen ejemplo de algo
inexplicable. Está prohibido cobrar "cubierto" y otras
morrallas en los restaurantes por resolución de la
Secretaría de Comercio de la Nación. Nosotros lo decimos, y
¿qué pasó? ¡Nada! ¿Qué esperaba que pasara, so ingenuo?
Intente hacer notar esta infracción en un restaurante que la
cometa. Lo mejor que le puede pasar es que lo consideren un
desalumbrado y le perdonen la vida. Y si tiene suerte hasta
por ahí le explican porqué le cobran lo que tienen
prohibido. Eso sí, no pida demasiadas explicaciones porque
¡por ahí hasta se las cobran por dárselas!
Todo
tiene una explicación. Ni hablar si salimos del tema de la enogastronomía por unos renglones. ¿Quién no se quedó sin
conexión a Internet? Nuevamente convoco a que levanten la
mano los lectores que recibieron una disculpa y no una
pseudo explicación: "el servicio está cortado en toda su
zona y estamos intentando repararlo".
Pero
no avance queriendo saber cuándo volverá a tener servicio, y
si se extiende más de un tiempo razonable: ¿constará en su
próxima factura el descuento respectivo por el día sin
servicio?
Lo
máximo que puede escuchar del otro lado, como me pasó: es
una carcajada, sospechando el operador de que me había
pasado para el lado de los bromistas. O una amable
telefonista, de esas controladas de acuerdo a lo que una voz
anónima le advierte antes de comenzar su diálogo: "ésta
comunicación puede estar siendo grabada para su mejor
servicio" (¿habrá alguien que escuche esas grabaciones?),
que de manera práctica, optó por colgarme después de 15
minutos de explicaciones inútiles.
Pensándolo bien. Hay quien me dirá que no sea tan
quisquilloso y sea comprensivo con los explicadores, gracias
a los cuales uno se va con las manos o el estómago vacío,
¡pero bien explicado! Visto de esta manera -que sigo sin
compartir- la cosa termina tomando otro color. Y recuerde el
dicho: Mollis sermo iram frangit ; (El hablar suave aplaca
la cólera)
Por Alejandro Maglione
Especial para lanacion.com |